Los primeros historiadores manzanilleros.

Resumen: Aquellos que desbrozaron el camino para el estudio de la historia manzanillera.

Por: Delio G. Orozco González.

Las evidencias primarias de una historiografía manzanillera datan del siglo XIX; no obstante, los textos fueron escritos por funcionarios, periodistas u otros sin formación profesional en el campo de la Historia ni pretensión académica alguna. No sería hasta la segunda mitad del pasado siglo que graduados con estudios universitarios en el campo de la Historia comenzaron a escudriñar en el decurso histórico local; sin embargo, antes que ellos, otros, de forma autodidacta y con resultados concretos, sentaron las bases para el conocimiento del surgimiento, características y evolución del etnos manzanillero como conglomerado humano.

Francisco Javier Antúnez

Fue Francisco Javier Antúnez, en 1927 y considerado en su época como el decano de los periodistas manzanilleros, el primero en ofrecer un texto con pretensiones «historiográficas»: Apuntes históricos de Manzanillo y su fundación. Tal hecho puede justificar sea considerado como «proto historiador», aunque su obra resulte más una descripción temática organizada cronológicamente a partir de algunos documentos de archivo conservados en el Ayuntamiento Municipal, que un texto histórico en puridad, eso sin contar que el título de periodista con el cual lo distinguían no había sido obtenido en escuela alguna; sino, en la práctica diaria y el ejercicio continuo, elementos que forjaron la obra y legado de muchos intelectuales a inicios de la República.

Modesto Arquímedes Tirado Avilés.

Sería el puertorriqueño Modesto Tirado Avilés, amigo de José Martí, comandante del Ejército Libertador, corresponsal de guerra y alcalde de la ciudad en 1900, a quien podríamos llamar con sobrada justicia el «primer historiador de Manzanillo». Aunque hasta el momento no se conoce la existencia de un acuerdo del ayuntamiento manzanillero reconociendo al borinqueño como Historiador de la Ciudad, del mismo modo que hizo el gobierno de la capital con Emilio Roig de Leuchsering, la prensa y sus conciudadanos le dispensaban el título; a fin de cuentas, lo que realmente importa es la obra, no el nombramiento. Lo que sin duda lo alza a la condición de historiador es su trabajo Efemérides de Manzanillo(1), notable e intenso esfuerzo donde recopila, organiza cronológicamente y comenta, siguiendo tal vez la metodología de Emilio Bacardí Moreau en sus Crónicas de Santiago de Cuba, el devenir de Manzanillo desde los momentos iniciales de la conquista española en el siglo XVI hasta finales de la década de 1940. Si bien resulta el texto antedicho el que otorga a Tirado Avilés la condición de Historiador de la Ciudad, no fue este su único libro; es mas, murió sin poder publicarlo, a diferencia de Apuntes de un corresponsal, dado a la luz pública en 1942 por la Sociedad Económica de Amigos del País bajo los buenos oficios de Gerardo Castellanos, material donde compila sus memorias en el campo mambí como corresponsal de guerra.

Modesto Tirado García.

A la muerte de Modesto Tirado Avilés en 1952, Modesto Tirado García asume el título de su finado padre; sin embargo, la producción intelectual de este se reduce a pequeños artículos en la prensa, actos oratorios en fechas conmemorativas y actividades sociales. Después del triunfo de la Revolución, la nacionalización de las imprentas, la centralización de la producción historiográfica en la capital del país y la asunción de la escritura de la historia por los Departamentos Ideológicos y las Comisiones de Historia del PCC en cada municipio, hace que la narrativa histórica manzanillera se reduzca a la escritura de breves artículos biográficos, reseñas de fábricas, sindicatos o a la presentación de ponencias para concursos o eventos. A ello se suma la partida de Tirado García hacia La Habana y la falta de interés no solo por la disciplina -al menos en la zona-; sino, por considerar a sus cultores como elementos de poca importancia en el entramado social y político del territorio.

Wilfredo Urbano Naranjo Gauthier.

Los años 80 del pasado siglo XX traerían nuevos aires y circunstancias distintas; también la feliz coincidencia de que en la ciudad viviera Wilfredo Urbano Naranjo Gauthier, profesor de inglés, periodista, antiguo Boy Scout, miembro de la última generación del Grupo Literario de Manzanillo y tenaz defensor del lugar de sus natales. Estas condiciones convergen favorablemente en un deseo vehemente por difundir la historia y cultura del territorio como antídoto ante el proceso de regresión citadina que comienza a verificarse a partir de la División Político Administrativa de 1976. Naranjo, promotor incansable de la cultura e historia local, desarrolla una intensa labor divulgativa en la radio municipal y la prensa provincial, publicando en el periódico La Demajagua sus famosas Estampas del Terruño; las cuales, a pesar de ser compendiadas y enviadas a más de una editorial, nunca fueron publicadas. Tendría que hacerse realidad la creación del Sistema de Ediciones Territoriales (SET), para que una selección de las viñetas de este historiador, reconocido como tal por el pueblo -nunca se le ofreció un nombramiento oficial por parte de las autoridades locales-, pudieran ser publicadas en la medianía de la primera década del presente siglo(2).

Modesto Tirado padre, primero y luego su hijo, van a desarrollar, al margen de su labor como escritores y difusores de la historia local, una invaluable tarea de recopilación del patrimonio documental que, depositado hoy en el Archivo Histórico(3) de la ciudad, sirve de materia prima esencial para trazar el itinerario histórico de la localidad y más allá también. A la promoción y defensa de este legado no solo se vincularía después Wilfredo Naranjo; sino, un grupo de intelectuales y amadores de la cultura manzanillera(4); quienes, entendiendo el papel cardinal de las fuentes históricas en el intento de explicitar los acontecimientos presentes y sus posibles derivaciones futuras a partir de la prueba como validación del acontecimiento, crean el repositorio histórico de la urbe que yace a los pies del Golfo de Guacanayabo.

Así pues, a los primeros historiadores manzanilleros y aquellos otros que les acompañaron en sus empeños investigativos, de promoción, conservación y difusión de la historia y cultura local, debe la comprensión identitaria manzanillera no poco; pues, sobre sus hombros se alzan hoy los que tratan de entender los hitos del pasado como clave explicativa del presente.

Notas:

1.-Los tres tomos manuscritos de este texto reposan en el Archivo Histórico de Manzanillo y ya han sido informatizados. En Miami fueron publicados en dos tomos.

2.-El introito del libro estuvo a cargo de Delio Orozco; quien, a partir de una conferencia impartida en los salones de la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, reverenció a su predecesor en homenaje organizado por la Casa del Caribe de la indómita ciudad.

3.-Como reconocimiento a la obra del primer Historiador de Manzanillo, el Archivo Histórico de la ciudad lleva por nombre Modesto Tirado Avilés.

4.-Entre ellos podemos mencionar a César Sáiz, Enrique Véliz, Ágel Pena, Armando Carnet, René Rodríguez y Caridad Pantoja Márquez.

Manzanillo de Cuba, jueves 11 de junio de 2020.

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